grinch mood
Palabras que inspiran un mes
No soporto la navidad de noviembre. Esa que viene estirándose desde la primera semana de octubre, cuando los supermercados llenan sus estanterías de polvorones y turrones… (esos que sospecho son de la temporada pasada).
En lugar de acercarme a la fiesta, esta aceleración precipitada me convierte en un grinch. Y es que la magia solo existe con conjuro, en los días que toca y sin promesas comerciales anticipadas.
Puedo aceptar los calendarios de adviento por no encontrarnos de sopetón un uno de diciembre sin sorpresa. Pero de adornos, luces y abetos… dejémonos hasta el puente, por favor. Que si alargamos la fiesta tres meses, a poco en agosto nos estamos bañando con gorro rojo y sustituyendo chanclas por botas de nieve.
Que la navidad es un día y bastante que la estiremos veinte. Pero más es abusar y quitar del calendario la fiesta del otoño.
Porque noviembre es inaugurar chimenea, pasear con frío y refugiarse bajo la manta. Es acortar días y encender velas, es leer un libro con un café calentito.
Noviembre no es un mes vacío que hay que llenar de purpurina.
Noviembre tiene alma y no se merece el disfraz soez de una navidad que de navidad tiene la etiqueta de la rebaja.



Me encanta este Grinch que describe a la perfección esta manía de correr y de anticiparnos a todo. No fluimos, sino que atropellamos, robándole sentido a la fecha real y al significado que tiene.
Me sumo a tu grincheo aunque me temo que vamos contracorriente.